09/10/2011

El pasado del futuro.

Era una tarde asfixiante. Salía a buscar algo de sombra en la calle, engañándome. Los espacios verdes ya no son tan verdes y cada vez son menos.
Por acá surgen edificios mientras talan los escasos arboles de la cuadra para hacer una cochera.

¿Ese es el progreso realmente? ¿Cuándo será el certificado de defunción de la pelota en la calle y el mate en la vereda? ¿Será mucho pedir que los chicos se ensucien el el arenero en lugar de encerrarse en sus cuartos con Lysoform?

En la plaza sólo hay dos madres que matan el tiempo fumando un cigarrillo mientras los chicos juegan en la hamaca de plástico. No hay pelotas en el pasto ni vocecitas agudas que pidan el centro para el cabezaso.

¿Nostalgia? Puede ser, pero no deja de sorprenderme lo desértico del paisaje. Sé que es la única plaza en diez cuadras a la redonda, eso no cambió desde que era yo quién mojaba a la gente con bombuchas al legalizarse la temporada carnavalera. Donde dije "Pido" tantas veces, donde conté infinidad de treintas jugando a las escondidas, la mancha, el poliladron.

El sol me está dando de lleno en la cara y me despierto relajada.

¿Nostalgia? Puede ser, pero no deja de llamarme la atención lo que ocurre con el paso de tantos diciembres.

Doña María

Doña maría sale a la calle a la misma hora de siempre, bien temprano. Lleva el mate en la mano y se sienta en la puerta de su casa. Habla hasta con las paredes, el problema es que ellas nunca le contestan.
Mira a la gente para ver si reconoce algún rostro pasajero, piensa en tiempos pasados, disfruta del mate compañero.
Nada más verla me hizo imaginar su historia: Algún hijo que ya no sabe de dónde vino, un marido ausente, un pasado imperfecto, pero nunca tan sola.
La viejita de la esquina tiene un saquito color uva, pañuelo y un camisón negro con florcitas que alguna vez fueron blancas.
Su casa es, por lejos, la más chica y deteriorada del barrio. Supongo que vive con menos de lo justo y ess filtración en el techo traidor dejó de ser su prioridad hace mucho tiempo.
Una tarde escuché a una mujer en el almacén diciendo que estaba loca hacía años. No me cabe el diagnóstico barrial. Creo que se refugió en sí para poder subsistir, que cada vez que mira a alguien espera una charla. Por lo menos la conversación trillada del tiempo podría alegrarle el día.
Pero, al contrario, se resigna, junta sus cosas y se mete a la casa.

En definitiva, los viejos suelen ser dejados atrás, como los almanaques y los cepillos de dientes.

La espera

Recorrió la casa. Estaba exactamente como la había dejado. Las sábanas tapando los muebles, la luz que entraba por la ventana y hacía visible el polvo.
Se sentó en uno de los sillones. Esperó. Prendió un cigarrillo. Esperó.
Hasta que se dió cuenta que no esperaba a nadie. Tiró la ceniza al piso colaborando con la ambientación y dió otra bocanada.
Se levantó y empezó a inspeccionar el cuarto más detalladamente. El piso de madera se quejaba con cada paso.
Descubrió el espejo que ya no reflejaba su imagen. Intentó limpiarlo con su aliento, pero no pasó nada.
Entonces volvió a esperar. Se había quedado mirando ese sombrero que, en un momento, le había quedado tan bien. Buenos recuerdos.
Volvió a mirar su no-reflejo en el espejo. Sacudió el sombrero, se lo puso y se recostó en el sillón volviendo a su sueño eterno.

28/08/2011

Conexiones que desconectan.

Miradas bajas, silencio absoluto. Cada tanto alguien levanta la vista en busca de una mirada cómplice y vuelve a bajarla.
El sonido de la música que va al compás del de las teclas de ese aparato muy bueno para conocer los malos modales de la inmensa mayoría.
Mientras tanto, el contacto humano se dirige a la ruina.
Largas charlas, juegos y reflexiones grupales ya no son posibles, a menos que pasen a través de una pequeña pantalla.
Los que estamos afuera observamos y nos causa gracia ver sólo la parte superior de las cabezas. Aunque no tanta. Es frustrante. ¿No me estás escuchando, no?
Esa gran ventaja se convierte en su carcelero. No me extrañaría que en unos años (más bien pocos) empiecen a proliferar las clínicas de desintoxicación de móvil. No sería una mala idea.

Send.

24/08/2011

Puntos de Vista

Desde el punto de vista del búho, del murciélago, del bohemio y del ladrón, el crepúsculo es la hora del desayuno.

La lluvia es una maldición para el turista y una buena noticia para el campesino.

Desde el punto de vista del nativo, el pintoresco es el turista.

Desde el punto de vista de los indios de las islas del mar Caribe, Cristóbal Colón, con su sombrero de plumas y su capa de terciopelo rojo, era un papagayo de dimensiones jamás vistas.

Desde el punto de vista del sur, el verano del norte es invierno.

Desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía.

Donde los hindúes ven una vaca sagrada, otros ven una gran hamburguesa.

Desde el punto de vista de Hipócrates, Galeno, Maimónides y Paracelso, existía una enfermedad llamada indigestión, pero no existía una enfermedad llamada hambre.

Desde el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg, que andaba con la misma ropa en verano y en invierno, era un hombre admirable:
"El Toto nunca tiene frío"- decían.
Él no decía nada. Frío tenía: lo que no tenía era un abrigo.

Desde el punto de vista de las estadísticas, si una persona recibe mil dólares y otra persona no recibe nada, cada una de esas personas aparece recibiendo quinientos dólares en el cómputo del ingreso per cápita.

Desde el punto de vista de la lucha contra la inflación, las medidas de ajuste son un buen remedio. Desde el punto de vista de quienes las padecen, las medidas de ajuste multiplican el cólera, el tifus, la tuberculosis y otras maldiciones.

Desde el punto de vista del oriente del mundo, el día del occidente es noche.

En la India, quienes llevan luto visten de blanco.


Eduardo Galeano ha dicho.